jueves, 4 de marzo de 2010

London Fashion Week

La pasada semana el Somerset House se vistió de gala. La London Fashion Week revolucionó La City con la puesta de largo en lo que, otrora, se convierte en una de las pistas de hielo con no menos glamour que el evento.

Modelos, estilistas, diseñadores, celebrities, medios de comunicación,..., y la expectación por la última colección de la que, sin duda, se convertirá en la próxima leyenda del mundo de la moda. La desaparición de Alexander McQueen, el "enfant terrible” del gremio, supuso, para la Semana de la Moda de Londres, diferentes consecuencias: nervios por una colección inacabada, homenajes dentro y fuera de la "catwalk", agradecimientos, recuerdos, ..., y unas colas interminables: de nada servía estar en la "guests list", el efecto multiplicador de la muerte del diseñador unido a la especulación y el morbo generados por la prensa amarillisa, hicieron que, en los días álgidos de la celebración, la entrada al Somerset fuera impracticable aún con pase VIP.

Aún con todo, la propia Sarah Brown, esposa del primer ministro británico, inauguró el evento con palabras de recuerdo, por un lado, a la memoria de McQueen y con otras que, por otro, como poco, recordaban que nadie es del todo imprescindible: "El espectáculo debe continuar" (curioso paralelismo con la situación que vive Brown y la vuelta a la primera plana del desastre de Irak).

Otras acciones paralelas, y no menos reveladoras, han teniedo lugar desde entonces. El diseñador ha desaparecido pero la creatividad del "genio" y "poeta" -en palabras de François-Henri Pinault, presidente del gigante PPR- seguirá "viva" y presente gracias a que el grupo la mantendrá entre sus insignias. Todo esto a la par que eran presentadas las cuentas anuales de la empresa registrando un benbeficio neto de 984,6 millones de euros en 2009 -lo que supone un incremento del 6,9 por ciento respecto al año anterior-.

¿No hay mal que por bien no venga?

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